viernes, 28 de diciembre de 2018

El Gaucho



Sobre la base económica de la ganadería extensiva se gestó, desde los finales del siglo XVII en la Banda Oriental, en una amplia región de la Argentina y en Río Grande del Sur, una cultura peculiar del área, sustancialmente idéntica aunque en la misma se distinguieran modalidades locales. Esta cultura ganadera y ecuestre tradicional, generó un tipo humano y social similar, el gaucho de Uruguay y Argentina y el gaúcho de Río Grande del Sur.

La vida ecuestre, la alimentación carnívora, la ruda intemperie, los vientos tónicos del océano y de la pampa, le crían magro, duro y ágil. Unos sujetaban la cabellera con la vincha del indio, otros ponían sobre su suelta melena el sombrero panza de burro; todos usaban la bota de potro y el chiripá. El desierto y la soledad le hacen taciturno y silencioso (aunque según Atahualpa Yupanqui el experto puede distinguir el habla de gaucho de las llanuras del gaucho de las zonas montañosas "el primero habla como gritando para hacerse oír mejor en las distancias, el segundo habla con tono bajo para evitar avalanchas"). La libertad y la abundancia le hacen altivo, hospitalario y leal. Del conquistador recibe el caballo, el cuchillo y la guitarra; del indio el poncho, la vincha, el mate, y las boleadoras. Su lenguaje es mezcla de castellano arcaico, con elementos indígenas, a los que se agregan más tarde voces portuguesas y africanas.

Los gauchos son también grandes jinetes, excelentes en las prácticas ecuestres siendo en lo hípico sus deportes preferidos la jineteada gaucha y doma gaucha, el pato, las carreras cuadreras, la corrida de sortija, el juego de cañas, la cogoteada, la maroma, y la captura mediante boleadoras y lazo desde el caballo, también es frecuente el visteo (cuyo gerundio es vistiando) un simulacro de duelo criollo en el cual en lugar de facones (ya que no se busca herir ni matar a nadie en el visteo sino practicar una esgrima gaucha) se usan palos o trozos de caña tiznados. En el siglo XX han aparecido juegos gauchescos como la polka de la silla, el rastrín, el juego de los tachos y el ejercicio de las tropillas entabladas que de ser una práctica habitual ha pasado a ser una muestra de la destreza gaucha (el adjetivo "entablada" no significa que las cabalgaduras estén ceñidas por tablas o dispositivo parecido sino porque en el lenguaje gaucho tradicional se llama "tablada" o, coloquialmente "la tablada", a cualquier amplia zona de terreno rodeada de postes, "palos a pique" o "tablas" dentro de cuyo recinto se resguardan y crían a las tropillas de equinos).

A menudo el caballo de un gaucho constituía todo lo que este poseía en el mundo. Un gaucho sin flete (caballo) dejaba de ser gaucho, algo muy difícil ya que en el campo argentino abundan las caballadas.

Sus tareas eran básicamente trasladar el ganado vacuno entre los campos de pastoreo, o hasta sitios de mercado como el puerto de Buenos Aires. La yerra consiste en marcar a fuego con el signo del propietario del ganado vacuno. La doma de potros era otra de sus actividades habituales. El de domador era un oficio especialmente apreciado en toda la Argentina y se mantienen vigentes las competencias de doma en festivales.

La principal alimentación del gaucho era la carne vacuna asada, en primer lugar, y de caprino tanto como de ovino en segundo lugar, aunque el verdadero gaucho cocinaba casi cualquier carne si era menester. Las pocas carnes que tenía en calidad de tabú eran las de sus amigos incondicionales: el caballo, el perro e incluso el gato doméstico. Principalmente en el noroeste de la Argentina (aunque se encuentra difundido de diversas formas en casi todo el país), forma parte de la dieta el "locro", un guisado a base de maíz (u otro componente vegetal) con carne. La bebida alcohólica que mayormente consumían hasta fines de siglo XIX era la ginebra traída en importantes cantidades, y a precios accesibles entonces, principalmente desde Holanda.

Los gauchos tomaban también la infusión típica llamada mate, tradicionalmente preparada en una calabaza ahuecada sorbiendo la infusión mediante una bombilla. El agua para el mate se calienta (sin hervir) sobre fogones en un recipiente llamado pava o caldera (los dos nombres corresponden al mismo recipiente que recuerda a una tetera).

Solían reunirse en las pulperías, lugar de aprovisionamiento para el medio rural, donde se realizaban intercambios y se sociabilizaba. Allí se reunían los vecinos del pago y los viajeros de paso. Tomaban bebidas alcohólicas (caña quemada, ginebra, vino, aloja), jugaban a la taba y a las cartas (por ejemplo el truco), o entraban en diversos tipos de duelos incruentos como el malambo (originalmente competencia de zapateo entre hombres) y payadas al son de guitarras o carreras a caballo llamadas cuadreras, o "jineteadas" de destreza ecuestre (sortija, doma, pato, etcétera), ocasionalmente y por diversos motivos (los más usuales eran las cuestiones de honor, donde se ponían en juego el coraje y la hombría) se producían duelos criollos a faconazos, para esta eventualidad casi todos los gauchos frecuentemente se entrenaban utilizando, en lugar de facones, palos con la punta carbonizada; tal entrenamiento es también un juego llamado muchas veces "visteo" u "ojeo" ya que los contendientes tienen que predecir rápidamente, principalmente con la mirada, cómo atacará el adversario (ver: esgrima del cuchillo gaucho).

Además de expertos jinetes, arrieros, reseros y domadores (hasta inicios de siglo XIX era frecuente que los varones gauchos comenzaran a montar a caballo desde la temprana infancia), muchos gauchos se destacaron por el conocimiento del territorio y sus condiciones climáticas, a tal capacidad se le da el nombre (procedente de los marineros del s XVI) de "baquía" y se llama "baquianos" o "baqueanos" a los gauchos más expertos en "baquía", otra capacidad próxima a la baquía es la de "rastreador", un rastreador es aquel que puede seguir la huella o rastro de otro ser humano o de un animal por varias leguas, ambas cualidades han sido recordadas laudatoriamente por alguien que se declaraba enemigo de los gauchos: Domingo Faustino Sarmiento.

Muchos gauchos, en su mayoría categorizados por las autoridades de su época como "bandidos rurales", han pasado a recibir la devoción popular.

domingo, 9 de diciembre de 2018

Marginalidad y Heroísmo Gaucho



Extraído del estudio sociológico “De bandido a héroe: el poder integrador del simbolismo gaucho en la Argentina”, de Figueroa-Dreher

La figura del gaucho presenta una gran similitud con lo que Eric Hobsbawn denomina el 'bandido social' (Hobsbawn, 1983 y 2003), una figura menos revolucionaria que participó de lo que este autor denomina la protesta modesta y no revolucionaria dentro de su respectiva sociedad

Según Hobsbawn, el equilibrio tradicional es alterado, particularmente, cuando las estructuras sociales tradicionales son amenazadas por el mundo moderno. Exactamente esta idea está presente en parte del simbolismo del fenómeno gaucho. Este, como fenómeno cultural argentino particular, es un bandido social que representa la cultura tradicional folclórica argentina, que lucha contra la modificación radical que conllevó la inclusión de medios modernos de explotación de la tierra a través de la migración masiva europea, la que modificó de una forma extrema su espacio vital. Sin embargo, característicamente, el bandido social no protesta contra el hecho de que, por ejemplo, los agricultores o los jornaleros sean pobres, sino contra el hecho de que a veces son superexplotados y extremadamente pobres. Incapaz de confrontar contra el poder del mundo nuevo y moderno, el gaucho pelea contra esta situación, frecuentemente por medio de acciones que desde la perspectiva moderna del poder se sitúan en la ilegalidad, como el asesinato, etcétera.

El 'buen bandido', visto desde la perspectiva de quienes se identifican con él, lucha exitosamente contra la injusticia feudal y el abuso de poder e incorpora la búsqueda de una solución ideal para los severos problemas sociales de la época. De este modo los bandidos, como figuras históricas, permiten a los 'ciudadanos civilizados' proyectar en una figura marginal los deseos e ideas que ellos mismos poseen. Con la ayuda del tipo del rebelde social, el criticismo puede ser formulado en un sistema específico de leyes y en un orden social. Las figuras gauchescas míticas y/o literarias, objetos de identificación social, como Martín Fierro, Juan Moreira y Santos Vega, son 'ladrones generosos' y héroes que confrontan a las autoridades injustas o corruptas. Ellos constituyen una parte importante del imaginario argentino y mantienen vivo el mito del gaucho dentro del mundo rural y urbano. Así, el gaucho simboliza la rebelión contra una clase política corrupta, y contra las injustas relaciones de propiedad y explotación, así como simboliza la libertad (muchas veces entendida como individualismo), el heroísmo y el sueño de justicia. Al mismo tiempo se activa la memoria de tiempos supuestamente mejores. Las características negativas de la figura marginal del gaucho -el no estar integrado a la sociedad, la criminalidad, etc.- son simbólicamente reinterpretadas como características positivas, tales como su heroísmo, su modestia y su desinterés por la riqueza, así como el hecho de que no puede ser corrompido. El héroe argentino, el gaucho, representa simbólicamente la rebelión de los ciudadanos argentinos en contra de la frecuente corrupción de la elite política y de las autoridades estatales.

En relación con el fenómeno del gaucho, una característica que lo torna símbolo colectivo vigente aun durante las reiteradas crisis sociales, económicas y políticas por las que atraviesa la Argentina es su carácter de figura prepolítica o apolítica, en el sentido de que no posee ambición de poder, y se mantiene más bien distante -podría decirse también independiente- de toda forma de representación y autoridad. El gaucho, en su carácter de figura simbólica no espera nada del poder  político y como vimos, definitivamente no es una figura con ambiciones revolucionarias aun cuando se rebela contra la autoridad en los casos en que ésta hace abuso de poder. En estos casos, el gaucho se rebela contra la injusticia, pero no contra un sistema injusto. Asimismo, la aceptación social de la figura ideal del gaucho se basa en su desinterés por la riqueza, la acumulación material y el ascenso social, lo cual le confiere autoridad al transformarlo en un personaje "auténtico", que guía su comportamiento de acuerdo con principios éticos que se mantienen intactos frente a todo tipo de transformaciones políticas, económicas y sociales. Es por ello que las crisis reafirman su condición de símbolo, ejemplo a seguir y figura identificatoria para los argentinos.

El símbolo del gaucho representa un existencialismo argentino particular y, al mismo tiempo, define y establece la cohesión social entre aquellas comunidades sociales y entre aquellos individuos vinculados con el mito del gaucho, partícipes de los rituales, o lectores de la literatura gauchesca y que se identifican con él. Simbólicamente, se establece una realidad cotidiana trascendente, un mundo contrapuesto al mundo injusto y corrupto de la vida cotidiana en la Argentina. Este mundo contrapuesto incluye ideas y virtudes representadas por la figura del gaucho, desempeñando éste de esa manera una función integradora para los actores individuales que se identifican con él. El símbolo del gaucho sirve, de esta forma, como un elemento de conexión dentro de la relación dialéctica entre individuo y sociedad.

lunes, 3 de diciembre de 2018

Esgrima Criolla: Táctica, Astucia, Pasión



En el arte de combate de la esgrima criolla se combinan inseparables táctica, astucia y pasión.

De acuerdo a su definición, la táctica es un método determinado con el fin de lograr un objetivo. En cuanto arte de combate, la esgrima criolla posee métodos precisos a emplear como medios de acción frente al adversario. Si bien la táctica puede circunscribirse a determinados movimientos ofensivos y defensivos, tanto como el ataque y la defensa con los elementos de combate (facón y poncho), el objetivo es que cada combatiente genere su estilo propio en base a las tácticas aprendidas.

La astucia no es tanto la habilidad que debe poseer el combatiente para evitar los ataques contrarios, sino la capacidad de engaño al momento de realizar los movimientos que darán lugar a un ataque efectivo. De aquí las argucias típicas de que se sirvió el gaucho para los amagues, contraataques, etc.

En tanto que la pasión es el motor afectivo que desde el Ideal da impulso contundente a la bravura del luchador.

Táctica, astucia y pasión deben unificarse en la acción para que el esgrimista criollo sea un genuino y acabado representante de esta corajuda tradición.

(Federico Mustafa Alassino)