domingo, 20 de enero de 2019

Nuestro Litoral, Cuna del Gaucherío Primitivo



El 15 de noviembre de 1573 Juan de Garay fundó Santa Fe (la vieja), sobre la barranca occidental del río de los Quiloazas, hoy en día río San Javier (en Cayastá). Apenas funda la ciudad, divide sus terrenos, dando los mejores y más grandes a los españoles peninsulares (los nacidos en España), y reparte los cargos políticos, como los puestos de alcalde y alguacil mayor, entre los españoles, dejando fuera de estos a los criollos, conocidos también como mancebos de la tierra, mestizos hijos de madres guaraníes y de padres españoles nacidos en Asunción, lo que produce cada vez más resentimiento a estos hijos de la tierra americana. El Cabildo estaba formado mayoritariamente por españoles, llamados también “buenos vecinos” ya que habían ayudado a equipar a los mancebos con armas y caballos para la larga travesía con arreos desde Asunción.

Cuando Juan de Garay parte a fundar Buenos Aires en 1580, deja al mando como Teniente de Gobernador, al flamenco Simón Xaque, un hombre que se decía que no conocía los territorios que gobernaba. Esto sumó mucho descontento entre los mancebos, a lo que se sumó el reclamo de Gonzalo de Abreu, gobernador de Tucumán, que afirmaba que Santa Fe era parte de su gobernación, y ofrecería su apoyo a la causa de los criollos de Santa Fe.

Sin embargo, la mayor parte de los hombres que llegaron con Garay en 1573 eran “mancebos”, jóvenes criollos y mestizos, que legalmente no podían manejar armas de fuego, aunque luego el mismo Garay compró 53 arcabuces para armar a los que no tenían uno y estaban desprovistos de derechos políticos. A causa de las necesidades sociales, el trabajo de cría del ganado en las chacras vecinas y la defensa de la ciudad contra los indígenas, pronto obtuvieron algunos derechos, pero sin recibir ningún avance en lo político y en lo social.

Según consigna el Dr. Bernardo Alemán en sus “Camperadas”, el origen de este personaje nacional se remonta a las primeras vaquerías realizadas en los campos costeros de la provincia de Santa Fe, años después del descontento por aquellos acontecimientos que costaron la vida a los 7 jefes del motín, como escarmiento para los mestizos.

En una carta de Hernandarias de 1617, siendo gobernador de Santa Fe, consta lo siguiente: “He puesto en orden a las vaquerías de las que vivía mucha gente perdida que tenía librado su sustento en el campo...atenderán por el hambre y la necesidad a hacer chácaras y servir poniéndose a oficio a que he forzado y obligado a muchos mozos perdidos poniéndolos de mi mano a ello...”

Según Emilio Coni -continúa Alemán-, dichos “mozos perdidos”, serían los antecesores de los primeros gauchos. Y la citada carta es "la primera referencia documentada de este tipo americano y especialmente argentino", sobre el que tanto se ha escrito.

Por las expresiones del gobernador de Santa Fe se nota que no gozaban del aprecio de las autoridades, ni de los habitantes de la primitiva ciudad capital, pero se los necesitaba pues eran imprescindibles en las tareas de las vaquerías. Nadie como ellos para hacer correr de a caballo en el campo tras el ganado durante días sin cansarse, durmiendo al raso, comiendo sólo carne, y tomando sólo mate amargo.

Según estas referencias documentales y otras por el estilo, al parecer, las vaquerías habrían sido la primera escuela gaucha, en donde se forjó este prototipo de caballero andante que recorrió durante siglos nuestras llanuras, montes y sierras, al trote y al galope de su inseparable caballo criollo.

Demás está decir que, seguramente, Hernandarias fracasó en su intento de poner en oficio a estos mozos perdidos.

Vacunos alzados

La vaquería consistía en la tarea de dar caza a los animales vacunos alzados y vueltos al estado salvaje. Sin querer pecar de presuntuosos ni pretender el monopolio del origen del gaucho para Santa Fe, he aquí que las primeras vaquerías ocurrieron precisamente en esta provincia.
Un acta del Cabildo santafesino dice que el valle Calchaquí se encontraba poblado de estancias y ganados a principios del Siglo XVII, y a raíz de una peste ocurrida en 1604, dichas estancias se vieron abandonadas por sus cuidadores y el ganado se alzó esparciéndose por todo el valle.

Sería este, pues, "el primer ganado alzado en el Río de la Plata", no hay otra referencia documental anterior. Por consiguiente las primeras vaquerías tienen que haber ocurrido en dicho valle, región que se extendía al norte y al oeste de la primitiva ciudad, entre los ríos Salado al oeste y el Paraná al este, formaba así un gran triángulo con vértice en las juntas de ambos ríos y base que se perdía al norte en los confines del Gran Chaco, territorio de abipones.

Además de las vaquerías, los santafesinos se ejercitaron en la escuela gaucha de las boleadas de baguales o yeguarizos alzados de las mismas estancias abandonadas.

Para estas boleadas, se convocaba a un número determinado de jinetes y se salía en busca de las manadas salvajes, sabiendo de antemano dónde tenían sus pastaderos. Una vez encontrados, se tendía un cerco alrededor de las mismas, el que se iba estrechando hasta estar a tiro de bolas, y cada jinete podía seleccionar el de su gusto, según pelaje y estampa.

Sin querer pecar de presuntuosos ni pretender el monopolio del origen del gaucho, he aquí que las primeras vaquerías ocurrieron en esta provincia.

Las vaquerías

Es muy posible que la peste mencionada se tratara de carbunclo o grano malo, que ataca primero al ganado, ya sea yeguarizo o lanar, para transmitirse luego con mucha facilidad al hombre. Al no existir en aquél entonces cómo contrarrestar esa terrible enfermedad, se optaba por abandonar al campo refugiándose en los poblados y ciudades.

El ganado que se alzó en las estancias santafesinas del Valle, dio origen a las primeras vaquerías del Río de la Plata. Según el destino que tuvieran las reses que se agarraban, las vaquerías podían ser de “recoger y aquerenciar” o de “cuerear y sebear”. Las primeras consistían en reunir ganado alzado para traerlo nuevamente a las estancias y rondarlo durante varios días hasta que se aquerenciara, y una vez logrado este objetivo se procedía a marcarlo. En el segundo caso, el objetivo era extraerles el cuero y el sebo para su posterior comercialización.

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